HISTORIA DEL TIROGÓMING


No le bastaba. No era suficiente. No se contentaba con haber inventado el Pupuénting (1999), el Supersalto (2000), el pénduling (2001), o el parabóling (2002). Ghettha (Gerarta Arotzena Otxotorena) necesitaba algo nuevo. Así que fabricó varios pares de gomas idénticas y aprovechó la primera ocasión en que disponía de dos grúas, para realizar lo que ya había teorizado sobre el papel.

Fue el 23 de junio del 2002, en el seno de la multitudinaria fiesta de las ikastolas de Álava (Araban Euskaraz). Habían querido organizar un Supersalto + Parabóling + Góming (por primera vez los tres tipos de saltos a la vez), pero, en época de exámenes, le resultó imposible asegurar toda la plantilla necesaria.

Así que, hubo que cambiar de planes. Pero no iba a desmerecer nada de esas tres modalidades de salto combinadas. Iba a realizar el Góming de Disparo Traccionado Por Dos Gomas.

Ya existían modalidades parecidas. Como la bola que es disparada con dos gomas con una o dos pesonas dentro. Bonita jaula voladora para pájaros con condena perpetua. O el góming de disparo, con una sola goma, actividad muy limitada y peligrosa (el riesgo es pasarse con la tensión y darse con el gancho, la grúa o la plataforma superior).

Ghettha tenía otro sueño, el de volar. Volar como un pájaro. Pero, también, volar como un fórmula 1.

Y esta vez, como en el caso del Supersalto, como en el parabóling, volvió a ser el propio Ghettha el conejillo de Indias, como tiene que ser, tal como éticamente cree correcto. No pudo ser el en pupuénting, ni en el pénduling (tenía que estar a los mandos y no en el aire).

Hubo que hacer bastantes pruebas. Primero, lanzamientos muy suaves, para ir viendo cómo había que funcionar, cómo era la reacción de disparo y la respuesta de la instalación, en conjunto. Fueron tres tiros muy flojos, tanto que un gruísta se atrevió a soltar un "¿Eso es todo? ¡Vaya mierda!" o algo similar.

A los minutos se tragó las palabras. El último tiro de Gerarta fue ya serio, después de otros dos, progresivos, en los que ya habíamos encontrado la forma de operar: la postura, la forma de hacer las conexiones, la forma de interconectar las gomas...

El siguiente disparo, el primero de Edurne (y el único hasta hoy), fue fuerte, tanto que todo el mundo se quedó con la boca abierta, y ella ligeramente conmocionada. Subió 10 metros por encima de la punta de las grúas. ¡Casi 50m en poco más de 2 segundos!

Vimos, así, de forma práctica, cuál era el límite superior de tensión que no había que pasar (ese que habíamos pasado, perdón Edurne).

El resto fue coser y cantar. Hicimos cantidad de disparos y todo el mundo salió contento. Algo menos quien ya había hecho góming de caída, que echaba de menos eso tan fuerte de dar el paso hacia el vacío. Esto es diferente, muy diferente.

No paramos, y eso que hacía un calor de demonios, casi tuvimos que parar la sesión para que no se nos derritieran las gomas. Y, al final, tuvimos que defraudar a mucha gente que se quedó sin poder saltar por falta de tiempo. Hubo quien insistió e insistió e insistió tanto que logró infiltrarse a última hora. El horario es el horario, los gruístas tienen sus compromisos (y su tarifa de horas extra) y nosotr@s ya no podíamos más. El calor (sofocante) y la tensión (hay que estar al %100) nos habían llevado al límite.

Ese día aún no acertamos del todo (¿por qué negarlo?), dos personas rozaron las gomas durante los rebotes y se llevaron un rosetón de recuerdo, en cuello o brazos (ni se dieron cuenta hasta que las advertimos). Necesitamos de otra posterior sesión, y otra más, para acertar de pleno con la distancias entre grúas.

Ahora Tirogóming, es una experiencia perfecta, impresionante y fácil. Tú te tumbas y nosotr@s hacemos el resto.

¿Te animas?


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