HISTORIA DEL PARABÓLING


El Parabóling (lo mismo que el Pupuénting, el Supersalto, el Pénduling, el Tirogóming...) es un invento de Gerarta Arotzena Otxotorena (Ghettha).

La idea surgió a raíz del intento que comenzó a finales del 2001, cuando Ghettha decidió preparar una tirolina desde el puente de Azkarate-Madariaga (en Azkoitia).

Colocó dos cuerdas atadas, cada una, a dos puntos diferentes del puente y, por el otro extremo a dos árboles diferentes, suficientemente altos y sólidos. Ardua labor.

Casi todo estaba bien, pero el sistema de frenado no bastaba: la subida de las cuerdas hacia los árboles no tenía suficiente desnivel como para frenar antes de llegar a éstos últimos. Y la bifurcación de las cuerdas, aunque buena para parar, no era un sistema de frenado satisfactorio, pues había que contar con que fallara una cuerda (Ghettha, por sistema, siempre cuenta con ello). Y, en ese caso, la tirolina terminaría chocando contra el árbol. No satisfacía.

Uno y otro intento no daban resultado. Las pesas que arrojaba desde el puente una y otra vez (¿no pensarías que iba a saltar gente hasta que las pruebas inanimadas fueran satisfactorias?) daban contra el tronco, contra las ramas o se liaban con ellas.

Fueron tres largos meses de pruebas, de subidas y bajadas, de arrojar 20, 40, 60, 80, 100 y hasta 120Kg en pesas. Fue muy cansado, y desanimador.

Hacia febrero del 2002 surgió la idea: ¿y qué tal si frenamos con gomas?

Así fue: el 10 de ese mes, con la ayuda de Jonael Esteban Martínez, Gerarta instala todo el sistema, mas dos gomas que parten desde puntos simétricos del puente con respecto al trazado de las cuerdas y dos cámaras de vídeo (una en manos de Jonael y otra fija), repasa todo, y salta.

Las cámaras no dan muy buena imagen, una de ellas, la fija, no presenta el encuadre adecuado, pues las cuerdas, al principio del salto, ceden más de lo esperado, permitiendo una inicial caída casi vertical.

La otra cámara no estaba muy bien regulada de luz y la emoción del momento impidió que Jonael hiciera un buen reportaje.

Pero el salto, el primer parabóling tripulado, fue supersatisfactorio. ¡Una pasada!

Habrían de pasar unos cuantos meses para que el invento se perfeccionara, para que las gomas partieran desde el punto más adecuado, para que tuvieran la longitud y el grosor más adecuados, para conseguir poleas de alta velocidad y para que la gente, la clientela, tuvieran noticia, y buenas referencias de ese nuevo e impresionante salto. Ahora, tú también puedes probarlo.


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